Las tres familias junto a Natalia y Francisco García-Camacho, y Alesia, ucraniana que reside desde hace varios años en Don Benito. / E. DOMEQUE

Ayuda para una vida en paralelo a la guerra

La asociación GC Ayuda se ha creado para apoyar a 19 personas, entre ellas varios niños, que residen en Don Benito tras huir de Ucrania

Estrella Domeque
ESTRELLA DOMEQUE

Cae la tarde en el parque Tierno Galván de Don Benito y los ruidosos juegos de los más pequeños contrastan con la tranquilidad de sus padres que les observan desde la distancia sentados en un banco; otros forman corros mientras comentan quizás temas del colegio. Es una tarde normal en la que el cielo amenaza lluvia, pero nada más.

De repente, entre esas anodinas conversaciones se cuela otra bien diferente que llama la atención porque aparece en un idioma distinto, difícil de entender. Y es que, pese a llevar semanas escuchando a Volodímir Zelenski, al oído todavía se le hace extraño el idioma ucraniano. Son Olena, Maria y Tetiana las que charlan en otro de los bancos del parque, bajo las mismas nubes y también con la mirada puesta en los más pequeños, aunque sus preocupaciones estén mucho más allá porque la única amenaza es la lluvia. Lo es al menos ahora, porque hace unas semanas el cielo amenazaba con bombas sus vidas. De hecho, todavía resuenan en su mente pese a caer a 5.000 kilómetros de ese parque.

Es la distancia que separa Odesa de Don Benito, la guerra de la paz. Hace unas semanas estas tres mujeres emprendieron una huida junto a parte de sus familias para escapar de la guerra iniciada por Rusia en Ucrania. Tetiana lo hizo con dos hijos adolescentes; Olena con sus cinco hijas pequeñas; y la abuela Maria con sus dos hijas, Maria y Olena, y siete de sus nietos. En total, 19 personas a las que una guerra les ha obligado a empezar una vida en paralelo a la que ya tenían.

Su viaje comenzó en una pequeña población muy próxima a la ciudad portuaria de Odesa, un pueblo tan pequeño que, móvil en mano, no se consigue situar en el mapa. Desde allí recorrieron 1.000 kilómetros hasta un centro de acogida en la frontera de Polonia donde, pese a las pésimas condiciones, se les abría una pequeña esperanza.

Entonces tampoco ellos habrían sabido situar Extremadura en un mapa, pero ese iba a ser su destino. «Una amiga de la familia fue junto a un grupo de personas hasta Polonia para llevar material humanitario e hizo de nexo entre todos los que hemos colaborado para que estén hoy aquí», recuerda Natalia García-Camacho, una de las impulsoras de la asociación GC Ayuda que se ha creado para colaborar con estas 19 personas.

«Tras dejar el material lograron traer a España a varias familias y mi padre se prestó para acoger a alguna de las más numerosas con más dificultad para encontrarles una acogida», prosigue. Sin embargo, los kilómetros recorridos habían conseguido que las familias de Olena, Maria y Tetiana fuesen ya una sola: «El venir todos en grupo les daba seguridad y mi padre al final dijo 'Que se vengan todos…'».

Un mes de solidaridad

De aquella decisión hace ya un mes, un tiempo en el que la solidaridad les ha ayudado a instalarse. «Llegaron con lo puesto y el hostal Galicia habilitó varias habitaciones para que se quedasen allí al principio», explica Alicia, hermana de Natalia. «Estas personas llevan ya un mes viviendo en Don Benito gracias a la solidaridad de muchísima gente de la localidad y de otros municipios», añade.

Y es que, el Ayuntamiento de San Pedro de Mérida ha cedido literas para acondicionar las habitaciones, muchos empresarios dombenitenses han aportado ayuda en estas primeras semanas y también colaboró el Ayuntamiento de Don Benito a través de Servicios Sociales para tramitar, entre otros, la escolarización de los menores.

Pero la primera ayuda llegó también de parte de varios distribuidores de gasóleo a nivel nacional. «Se han volcado para dar cobertura a estas 19 personas», dice Francisco García-Camacho, padre de Natalia y Alicia, pues toda su familia está implicada.

Ahora, a través de la asociación, buscan canalizar la solidaridad para sufragar gastos como alquiler, luz, agua, supermercado, medicamentos o ropa. «Vienen en una situación excepcional y necesitamos que las personas que quieran colaborar se suscriban a la asociación a través de una cuota por pequeña que sea», afirma Natalia que agradece también la solidaridad de las dos familias que han cedido sus casas sin cobrar alquiler durante este primer mes.

«Vamos a dar trabajo a las cuatro madres, pero queremos que a ese dinero que ellas van a ganar se sume en este inicio un apoyo económico por nuestra parte porque son familias muy grandes y con niños que no pueden vivir con un único sueldo», continúa Alicia. «Quiero que ellos se sientan parte de la asociación y que puedan hacer una vida normal aquí», interviene Francisco que también se muestra agradecido a muchas personas que han llevado a las oficinas de García-Camacho comida y ropa, «tenemos las puertas abiertas para quien quiera colaborar de la forma que pueda».

Vida en Don Benito

La intención no es otra que prestar apoyo a estas 19 personas en esta vida paralela que han comenzado en Don Benito, una ciudad que les ha recibido con los brazos abiertos. Los menores ya están escolarizados en el Francisco Valdés, en el Zurbarán, en el IES Donoso Cortés y en el IES José Manzano; también reciben la colaboración de asociaciones como Minerva y Ozanam, incluso empiezan a despuntar en las categorías inferiores del Gimnástico Don Benito.

En el colegio, pese a la dificultad inicial, fue algo más fácil para los pequeños y con más dificultad para los adolescentes, pero todos parecen ya integrados en la dinámica escolar. «Además, esta semana vamos a empezar con clases de español para los 19 y refuerzo escolar», avanza Alicia.

Los más pequeños disfrutan de su estancia en Don Benito. / E. DOMEQUE

«Les gusta mucho Don Benito, sobre todo a los niños, pero no es fácil para los que han dejado familia allí tomando una decisión muy dura», lamenta Natalia en ese parque en el que las conversaciones de los niños no entienden de idiomas porque entre ellos, en sus corros, sí que se entienden. Pero entre los adultos, los ojos de las madres no engañan y hablar de lo que ocurre en su país hace que las lágrimas afloren. Por eso, la asociación nace con el objetivo de «ayudarles en lo que necesiten hasta que puedan iniciar su viaje de vuelta». Y que una vez allí, ojalá, el cielo también amenace con lluvia, pero nada más.