Los cuatro farmacéuticos, una jubilada, dos en activo y uno en proyecto, todos formados en la Complutense de Madrid.

Las tres generaciones y el medio siglo de la farmacia Godoy Mayoral

La farmacia de la calle Don Llorente cumple 50 años en este 2022 con una historia familiar que se remonta a los años 50 y que ahora espera relevo

Estrella Domeque
ESTRELLA DOMEQUE

De María del Pilar Mayoral a Javier Godoy. Dos nombres y medio siglo de historia de una farmacia, la de Godoy Mayoral, que arranca unos años antes por el empeño de una madre para que su hija pudiera estudiar una carrera. Consuelo Pérez de Villar no concebía que su única hija, María del Pilar Mayoral, no tuviera la oportunidad de estudiar una carrera, de labrarse un futuro que en los años 50 parecía algo complicado, casi utópico, para una joven de familia humilde.

«Mi madre estudió Farmacia gracias a que mi abuela quería que estudiara una carrera; pero eran una familia humilde y sin recursos, por lo que la hermana mayor de mi abuela se opuso», recuerda su hijo, Antonio Godoy. Pero el marido de Consuelo, que empezó a trabajar como botones en el Banco Banesto con 14 años, llegó a ser cajero en Campanario y, cuando María del Pilar tenía 16 años, le ofrecieron serlo en Don Benito. «Pero mi abuela dijo que no, porque ella quería que su hija estudiase, por lo que pidió ser cajero en Madrid».

Así fue cómo la familia dejó Extremadura y se marchó a Madrid, con muchos sacrificios, en busca de ese sueño universitario. «Mi suegra nació en 1940 y entonces no era tan fácil que una mujer estudiara y mucho menos una carrera como Farmacia viniendo de una familia humilde. Sus padres se tuvieron que trasladar a Madrid para que ella pudiera estudiar, de otra forma, habría sido imposible», rememora María José López, mujer de Antonio Godoy, ambos farmacéuticos que siguen hoy este legado familiar.

Finalmente, se cumplió el deseo de Consuelo y, tras acabar los estudios, el futuro de su hija y flamante farmacéutica parecía lejos de su tierra natal pues pronto encontró trabajo en un laboratorio norteamericano con sede en Madrid. Allí estuvo trabajando dos años, siendo de las primeras mujeres que ejerció como alta ejecutiva de un laboratorio. «Incluso, le ofrecieron irse a Estados Unidos, pero regresó a Extremadura y decidió entonces abrir la farmacia porque aquí no había laboratorios en los que trabajar», asevera su nuera.

Primero tuvo una farmacia en Magacela, después llegaría a Don Benito. Era enero de 1972 cuando una nueva farmacia abría sus puertas en la localidad dombenitense. Lo hacía en la calle Don Llorente en un edificio que anteriormente albergaba una fábrica de ladrillos. Y allí sigue, 50 años después, gracias al empeño de Consuelo, a la tenacidad de María del Pilar, al trabajo de Antonio y María José, y al futuro que tiene por delante el siguiente de la saga, Javier Godoy. El bisnieto de Consuelo es ahora el que cursa sus estudios de Farmacia en la Universidad Complutense de Madrid, la misma donde primero estudió su abuela y después sus padres.

Será el inicio de una tercera generación que tiene también en Paco Álvarez a uno de sus actores protagonistas. Con apenas 16 años, Paco entró a trabajar como auxiliar, lo que antes se conocía como mancebo. Estuvo en la farmacia hasta 2004, cuando se jubiló por enfermedad, y se convirtió en uno más de la familia. Numerosos son los recuerdos que Antonio guarda de aquella época con Paco, con el que todavía sigue jugando a la Primitiva, sin fortuna, todas las semanas. De él aprendió quizás sus primeros consejos antes de empezar la carrera y con él volvió a coincidir cuando regresó, ya como farmacéutico, en 1998.

Paco Álvarez junto a un jovencísimo Antonio Godoy.

Dos años después, María José y Antonio se casaron, crecía la familia de farmacéuticos y también la plantilla hasta llegar a las cinco personas empleadas con las que cuenta hoy la farmacia que ampliaba también su horario. «La farmacia era casi nuestra casa. Paco le daba el potito a mis hijos cuando eran pequeños, que sólo se lo comían con él y no conmigo; también ocurrió alguna vez que fueran al baño en la farmacia y salieran con el culo al aire hasta el mostrador. O el día que se coló un gallo en la farmacia y nadie era capaz de sacar de allí el gallo», recuerda entre risas María José.

Empezaba así, entre el 1998 y el 2000, la segunda generación de esta farmacia popularmente conocida como 'la de la calle Don Llorente'. Hoy, 50 años después de su apertura, su historia espera la llegada de la tercera generación con Javier Godoy.

Será la nueva etapa de una farmacia que también ha sabido hacer frente a la pandemia, que les obligó a establecer rígidos turnos de trabajo para hacer frente a una Atención Primaria colapsada que les convertía prácticamente en el otro centro de salud: «Con mucho miedo, pero la farmacia ha sido un referente estable, con esa luz verde que no se ha apagado nunca».

Una luz que se encendió gracias al empeño de una madre y que todavía hoy ilumina la farmacia Godoy Mayoral.