Adriana Faba, nacida en Mérida, llegó a Don Benito en 2009 como directora titular del colegio Sagrado Corazón. / E. DOMEQUE

«Fue una ilusión venir a este colegio y venir a Don Benito»

Su misión en el Sagrado Corazón hizo que esta emeritense cumpliera su deseo de regresar a Extremadura para educar a los más pequeños

Estrella Domeque
ESTRELLA DOMEQUE

Para Sor Adriana Faba Delgado regresar a Extremadura había sido siempre una ilusión y lo hizo en 2009, con destino a Don Benito. Nacida en Mérida, pronto se marchó de la región, aunque siempre mantuvo ese vínculo extremeño. Años después, en aquel 2009, pudo volver gracias a que comenzó su andadura como directora y titular del Colegio Sagrado Corazón de la localidad dombenitense, esa ciudad que todavía guarda el recuerdo de la Beata Madre Matilde.

Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca, Diplomada en Magisterio en la Pontificia también de la ciudad salmantina, donde además cursó el Grado Profesional de Música de la especialidad de piano en el Conservatorio Superior de Música. Una formación que siempre ha acompañado de valores humanos y religiosos.

–¿Cómo recuerda su llegada a Don Benito?

–El principio, como en todas las cosas, fue bastante difícil. Habían salido varias hermanas de aquí y llegábamos otras tres; siempre que llegas a un sitio nuevo todo es diferente y es comenzar una vida nueva. Yo venía de Béjar, donde había estado seis años. Pese a esa dificultad, venía con mucha ilusión porque llegaba a la casa donde reside Madre Matilde; parece que aquí tenemos el tesoro y es que es verdad. Era una ilusión venir a este colegio y venir a Don Benito, que es una ciudad que me ha llenado mucho y aún me llena. La gente es muy buena, agradable, abierta, cercana… Siempre hemos tenido además un vínculo con la sociedad dombenitense. Recuerdo en esos inicios que a la gente le llamaba la atención nuestra llegada y nos prestaron todo el apoyo desde el principio. También con el Ayuntamiento siempre hemos estado ahí y ellos nos han ayudado. Con la ciudad ha habido una relación muy estrecha.

–¿Qué balance hace de estos 12 años?

–El balance es muy bueno respecto al colegio, pero también a la sociedad de Don Benito; estoy francamente agradecida a la gente, me siento muy apreciada aquí. Académicamente también, han ido saliendo generaciones de niños del colegio muy agradecidos, siempre con la impronta de Madre Matilde y con esa mochila que siempre les digo que llevan llena de conocimientos, pero también de cosas buenas que han aprendido. El colegio se encuentra integrado y abierto a la sociedad de Don Benito, participando en asociaciones y actividades de la localidad, dando entrada al colegio a todo el que quiera y lo desee. También durante nuestra Semana cultural, donde se realizan actividades, talleres, teatros, conmemoraciones y fiestas solemnes de nuestra fundadora, la Beata Madre Matilde, que es quien empezó esta tarea educadora y que hoy continuamos nosotros.

–¿Se conoce en Don Benito la figura de Madre Matilde?

–Madre Matilde vino en un momento importantísimo, de mucha necesidad en Don Benito y ella se relacionó con todos abiertamente, igual que las hermanas que vinieron con ella, entre ellas, María Briz, que se volcó en el cuidado de los enfermos aquejados de cólera, enfermedad por la que falleció en 1885 y la Madre abrió en su memoria un hospital para los pobres. Es importante destacar la figura de Madre Matilde porque creo que es algo que Don Benito desconoce o no conoce totalmente lo que tenemos aquí, una Santa que ha vivido aquí, ha caminado por sus calles, ha estado cercana al pueblo y murió aquí; es parte de esta localidad. Quizás no se le da todo el valor que tiene y por eso también hemos trabajado por difundir su obra, su labor y su entrega.

–¿Se imaginaba hace 12 años que se sentiría en esta ciudad como en casa?

–Sí. Había estado en Plasencia ya en otra época, de ahí marché a Salamanca y Béjar; tenía ya ganas de estar en mi tierra. Sales de pequeña porque tus padres se van a otros sitios, pero siempre mantuve el vínculo con Extremadura, igual que mis hermanos que no fallan ningún año en Mérida para Santa Eulalia.

–Quizás estos dos últimos años han sido más complicados con una pandemia que, además, le tocó vivir en primera persona.

–Han sido unos años duros, pero lo estamos superando. La experiencia fue muy mala porque fue en un momento en el que no se conocía nada, incluso yo me he ido dando cuenta luego porque estuve en estado muy grave. Doy gracias a Dios por haberme conservado la vida y la salud. Mi experiencia fue bastante negativa respecto a la enfermedad, pero tengo que dar las gracias a los sanitarios que se portaron de forma maravillosa con un servicio estupendo para todos los que estábamos allí. Siempre con ese miedo nos han ayudado mucho y estoy muy agradecida al hospital de Don Benito. La ciudad casi en pleno se acordó de mí y rezaron mucho. También llegaron al hospital cartas y dibujos de niños que todavía conservo, es más, cada vez que me cambiaban a otra planta o habitación lo primero que pedía era que me llevaran los dibujos. Son recuerdos de ese cariño, incluso la farmacia García Ara envió a todos los pacientes un frasco de colonia y un escrito también lleno de cariño. Al margen de lo que he pasado, porque ha sido muy duro, todo ha sido positivo y gratificante.

–Toca ahora mirar al futuro, también en un colegio donde ha visto crecer a centenares de niños.

–Es un trabajo muy especial, ves cómo van creciendo y van asimilando nuestra impronta. Nuestra misión principal, como todo lo que es la enseñanza, es educar íntegramente a los alumnos no tanto en lo material, también en lo espiritual y en valores. La satisfacción como directora y docente es la de estar recogiendo los frutos del trabajo, la dedicación y el cariño puesto en la formación de nuestros alumnos desde la tradición y la innovación, que es como pretendemos educar personas abiertas a la sociedad en la que viven. En lo académico, el reconocimiento nos llega en forma de brillantes resultados obtenidos por nuestros estudiantes, el 98% acaba obteniendo el título en Secundaria con resultados excelentes y esa buena preparación se nota cuando continúan sus estudios fuera del colegio, como así nos lo hacen saber directores y docentes de los diferentes centros donde continúan su siguiente etapa. Los niños son felices aquí desde que entran hasta que salen y somos como una familia.