Antonio Pavo junto a parte de su colección. / ESTRELLA DOMEQUE

GENTE CERCANA

«Esto es como los hijos, les tengo cariño a los 300 coches»

Su pasión, que comenzó con la compra de un Ford A, le llevó a crear un Museo del Automóvil en el que muestra una parte de su colección

Estrella Domeque
ESTRELLA DOMEQUE

Un Ford T fabricado el mismo año que se hundió el Titanic, 1912, lleva de inmediato al visitante a un inimaginable viaje en el tiempo que comienza junto de la estación de tren de Don Benito donde se encuentra el Museo del Automóvil. A unos metros de esa reliquia que todavía hoy funciona está un Ford Anglia que aún conserva el nombre de su propietario, un taxi inglés de los años 30, el claxon de un Ford A que todavía mantiene su sonido casi intacto al de 1932 o un vehículo del ejército alemán de 1956, «también un Renault Gordini conocido como 'el coche de las viudas' porque lleva motor trasero, tenía poca estabilidad y mucha potencia, por lo que se iba en las curvas». Rememora con el brillo en los ojos del que habla de una pasión Antonio Pavo, propietario de una colección de más de 300 vehículos. 

Sus viajes por motivos de trabajo impulsaron en él una afición que comenzó con un Ford A del año 1932, «uno de los que más he utilizado». Sin embargo, pese a visitar las ferias del automóvil de Barcelona, Madrid, Valencia o incluso París, ese primer vehículo lo compró en Don Benito y con él participó en muchas de las rutas que recorrían toda Extremadura.

Empezó así una colección que poco a poco fue creciendo hasta alcanzar la primera treintena que en un principio estacionaba en la calle Vapor; después compró unas naves «con veintitantos mil metros cuadrados» que pronto se iban quedando pequeñas. Surgió así en 2014 este museo que es obligada visita en el municipio y que reúne una selección de unos 80 vehículos clásicos. «Además de 35 motos, algunas de ellas con sidecar, tanques y coches de feria, tractores, camionetas… Todo lo que sea ruedas…», dice entre risas Pavo que, a sus 80 años, lleva ya más de media vida recogiendo esa parte de historia que esconde cada vehículo. 

Una colección en la que cada coche es diferente y le resulta difícil quedarse con uno solamente. «Esto es como los hijos, le tengo cariño a los 300 coches, pero hay un Ford T muy raro de 1912 que es una verdadera joya», explica sobre su vehículo más antiguo que se encuentra justo a la entrada del museo. «Es especial porque Ford fue el fabricante que revolucionó el mundo del automóvil, pero hacía muchas versiones y esta en concreto fue muy limitada porque lleva un asiento atrás que es algo extraño». 

Historias y recuerdos

Trescientos vehículos con sus trescientas historias que invitan a ese viaje en el tiempo sin salir de Don Benito. «Aquí hay vehículos que han pasado guerras mundiales, guerras civiles, pero también vivencias más personales», explica en el recorrido por un museo que también recoge sus propias experiencias y recuerdos. «Un día en Don Benito tuve la suerte de encontrar cuatro vehículos de los años 20 y 30, dos Ford Anglia, que uno era del antiguo dueño de Maderas Romero, y dos camionetas Citroën y Ford», recuerda sobre esta compra a unos metros de un Rolls Royce blanco que suele llamar la atención de los visitantes, pero también de aquellos que siguen creando historias, por ejemplo, llegando en él a sus bodas. El alquiler para este tipo de enlaces es uno de los servicios que también ofrece el museo.

«Aquí hay vehículos que han pasado guerras mundiales, guerras civiles, pero también vivencias más personales»

La historia sobre cuatro ruedas queda también reflejada en otros dos Ford T del 1917 y 1918, con distintas carrocerías; o un Ford A «que fue un modelo más avanzado en la década de los 30, un coche curioso porque cae la gasolina por su peso y todavía hoy arranca a la primera».

Vehículos que dejan paso a otros de los años 50 con marcas como Primus, Chevrolet, Fiat, Simca… «Hay algunos impresionantes y con gran cantidad de detalles para la época que me hacen mucha ilusión; son todos una maravilla, a mí me gustan todos, pero cuanto más antiguos, mejor», confiesa, aunque reconoce su predilección por los americanos. 

Con ganas de más

Pero para este coleccionista de recuerdos de motor, la afición continúa con la misma pasión que comenzó. «Ahora estamos sumando vehículos de los años 60, 70 y 80 que las nuevas generaciones ya no conocen», dice en un museo que hace tiempo que se quedó pequeño y que recibe visitas de distintos puntos de Extremadura, pero también del País Vasco, Madrid o Cataluña en su mayoría seducidos por las buenas referencias de los que ya lo conocen. «Los coches que más llaman la atención de los visitantes son los americanos, además, yo les doy algunos detalles durante las visitas y les hago preguntas que casi nadie acierta», dice ilusionado.

Espacios del museo que cuenta también con motocicletas y otros objetos históricos. / E. Domeque

«Más que tener la colección, lo que más llena es poder enseñarlos por eso es importante para mí poder ampliar este espacio de museo y conseguir que sea uno de los más importantes de España, sería mi ilusión porque cuando compré ese primer Ford A no esperaba dónde iba a llegar la colección», sueña apoyado en un Soto Custom que un día perteneció a un fotógrafo francés.